No podía pasar desapercibido para el imaginario colectivo el hecho de que, en un mismo municipio y en dos parroquias limítrofes, existieran tres topónimos tan evocadores como O Boído, Boimorto y Boimil. La semejanza fonética entre ellos, unida a su evidente proximidad con la palabra boi (‘buey’), uno de los animales más habituales del mundo rural, dio lugar a una curiosa leyenda que Armando Cotarelo Valledor recogió en la revista Nós:
“O orixe de tales nomes está pra os veciños de Boimorto en que vindo certa vez por estas terras un ganadeiro con moita récua ('Boi-mil') desmandóuselle unha das cabezas ('Boi-ido'), que foi perseguido polos mozos hastra que o mataran ('Boi-morto')”.
Esta explicación, fantástica tanto por su naturaleza como por la imaginación que encierra, constituye un claro ejemplo de etimología popular: el intento de explicar el origen de los topónimos mediante historias más o menos verosímiles, construidas a partir de su semejanza formal con palabras de uso común.
Ahora bien, la relación entre Boimorto y el animal no tiene por qué ser exclusivamente fruto del imaginario colectivo. En la obra titulada Os nomes dos concellos da provincia da Coruña, Gonzalo Navaza no descarta que el topónimo pudiera estar motivado por algún hecho anecdótico relacionado con un buey o incluso por la semejanza de algún elemento del paisaje con la figura de un buey tumbado. De hecho, la identificación del primer elemento del topónimo con el animal parece ser antigua, como sugieren varias formas registradas en la documentación medieval: en textos del siglo X recuperados del CODOLGA encontramos el nombre de esta localidad como Boue Mortuo o Bove Morto. En uno de estos textos aparece, además, el antiguo nombre de la parroquia dos Ánxeles de Boimorto, Sanctam Mariam de Perros, denominación que sería sustituida por la actual en el siglo XVI, tal como explicamos en otro artículo de esta misma página. Además, se da la coincidencia de que en la parroquia de Arceo existe un lugar denominado Lobomorto, único en Galicia, cuyo origen también podría estar relacionado con algún hecho anecdótico protagonizado por este animal salvaje o incluso condicionado por el propio topónimo Boimorto.
Con todo, la cuestión no está cerrada. En la misma obra, Navaza recuerda que entre los estudiosos está bastante extendida la hipótesis de que el elemento inicial boi- podría ser el resultado de la alteración de otra palabra. Entre las posibilidades consideradas figuran tanto un término de origen prerromano, que tendría el significado de ‘piedra’ (por ejemplo, Escornabois, en Trasmiras), como el término latino VADU, ‘vado, paso de río, lugar por donde se puede atravesar una corriente fluvial’. En este segundo caso, haría referencia a un vado que dejó de utilizarse, de ahí el calificativo morto (‘muerto’).
Muy distinto parece ser el origen de los otros dos topónimos que la tradición oral acabó vinculando con Boimorto. En el caso de Boimil, todo indica que podría tratarse de un descendiente de un nombre de propietario medieval. Según Piel y Kremer, este podría ser *BAUDEMIRUS o BONIMIRUS, un antropónimo formado, según estos autores, por la unión de la raíz gótica biudan y el elemento –mereis ‘célebre, famoso’. Llegaríamos a la forma actual Boimil a partir del sintagma toponímico en genitivo (VILLA) BAUDEMIRI o BONIMIRI, que haría referencia a la explotación agrícola y a las tierras propiedad de un señor llamado Bodimiro o Bonimiro.
Por su parte, O Boído tendría un origen aún más alejado de la explicación popular basada en el buey. Paulo Martínez Lema considera que debe explicarse como un derivado del fitónimo latino BUDA ‘espadana, junco’. Por tanto, podría proceder de un étimo *BUDETU, con el sufijo colectivo latino -ETUM > -edo / -ido, y hacer referencia a un lugar con abundancia de este tipo de vegetación, propia de los humedales. De este modo, sería una variante de los topónimos Boedo que encontramos en otros lugares de Galicia.
Así pues, en estos tres topónimos, Boimorto, Boimil y O Boído, la coincidencia es puramente formal, no de contenido.
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