El paisaje toponímico de Francisco Fernández del Riego I: los pseudónimos

El 20 de marzo de 1963, tres miembros de la Real Academia Galega presentaron una grande idea: convertir el 17 de mayo en una celebración de nuestras letras. El día escogido no era casual: se cumplían los 100 años de la fecha en que Fernán Caballero, seudónimo Cecilia Böhl de Faber, había escrito el prólogo de la obra fundacional de la literatura gallega moderna, Cantares Gallegos de Rosalía de Castro. Hoy, 60 años después de que se institucionalizara el Día das Letras Galegas, se hace justicia con uno de los máximos impulsores de esta celebración: Francisco Fernández del Riego, Don Paco.

Poco podemos decir de Francisco Fernández del Riego que no esté ya recogido en los múltiplos trabajos que conmemoran su vida o en la página que la Real Academia Galega le dedica, mas sí queremos destacar de él lo que nosotros consideramos llave de Don Paco: es una de las figuras fundamentales a partir de la posguerra sin la que la cultura gallega no sería hoy lo que es. El Día de las Letras Gallegas 2023 es, pues, un justo reconocimiento para alguien que trabajó incansablemente por nuestro país.

En esta página queremos rendir nuestro humilde homenaje de la Francisco del Riego con una serie de artículos sobre su paisaje toponímico. Bien es cierto que dentro de la prolífica obra ensayística de Don Paco la toponimia ocupa una nota al margen, pero también es cierto que la toponimia de su infancia y juventud estuvo muy presente en su vida. Juzgamos que no es casual que varios de los seudónimos que escogió para escribir sus innúmeros artículos y textos repitieran el mismo esquema: el nombre de uno de los santos de una de las parroquias de su entorno seguido de un nombre de una entidad de población o ayuntamiento. Así, Don Paco fue conocido cómo Salvador Lorenzana, Andrián Souto y Cosme Barreiros por citar tres de estos sobrenombres.

El primero de ellos, Salvador Lorenzana, aprovecha el nombre del ayuntamiento en que nació, Lourenzá, y la advocación del grande monasterio situado en Vilanova, San Salvador. Lourenzá es un topónimo único, igual que lo fue Don Paco. No sólo no registramos otro nombre de lugar igual en todo el Nomenclátor gallego sino que los nombres de las cuatro feligresías que conforman el actual ayuntamiento contienen el topónimo Lourenzá, una en solitario y las otras tres en compañía de la advocación de la parroquia: San Adrao de Lourenzá, San Tomé de Lourenzá y San Xurxo de Lourenzá. Hay también uno otro hecho singular: la capital municipal no está localizada en el lugar de Lourenzá, un pueblito de la feligresía de San Tomé de Lourenzá, sino en Vilanova.

Lourenzá es un antropotopónimo, esto es, un nombre de lugar derivado por sufixación de un nombre personal latino. En el origen, pues, haría referencia a las tierras o explotación agrícola propiedad de un individuo llamado LAURENTIUS, por tanto, precede de la fórmula (VILLA) LAURENTIANA. De hecho, en varios documentos antiguos tenemos documentada la forma etimolóxica y original: así, en un instrumento del Tumbo de Celanova del año 934 menciónase una de las cuatro feligresías que forman el ayuntamiento actual, “Laurentiana, Sancto Adriano”. Una forma intermedia entre el LAURENTIANA original y el Lourenzá actual aparece unos años antes, 922, en el tumbo del propio monasterio de Lourenzá, donde se menciona una “domus iam supra nominatu sanctum Saluatorem de Laurenzana”.   

También es única la advocación del Mosteiro de Lourenzá que le sirvió de inspiración para el seudónimo a Paco de él Riego, Salvador. Son 173 las parroquias gallegas que tienen como patrón a San Salvador, pero su singularidad recae en el hecho de que el milagro a que hace referencia, la transfiguración de Cristo, le sucede al propio Xesús. 

Menos popular es la advocación de San Cosme, mártir que junto a su hermano, Damián, ejerció su profesión de médico sin cobrar a los enfermos. Cosme, que proviene del griego Κοσμάς, ‘adornado’ o ‘bien presentado’, es patrón tan sólo de 19 feligresías gallegas, entre ellas la de San Cosme de Barreiros, en el vecino ayuntamiento de Barreiros. 

Si Lourenzá es un nombre único, acontece todo lo contrario con Barreiros pues documentamos más de 120 lugares en nuestro Nomenclátor así denominados, tanto en singular como en plural. Son también abundantes los topónimos Barreira o Barreiras y semejantes. A pesar de esta profusión, no es siempre fácil conocer cuál es el origen de este topónimo por el hecho de que la forma barreiro puede proceder del término prelatino barro (‘lama’) o hacer alusión a la orografía del terreno por formar una “barrera natural” o por estar emparentado con la forma barra, esto es, “bajo de arena en la desembocadura de un río, que hace peligrosa la navegación”. La confusión se amplía si tenemos en cuenta que los arenales con forma de barra, como es la playa del Altar en la Foz do Masma, son lugares donde también hay abundancia de lama y, por tanto, barreiros y barreras.

Más común que Barreiros es el topónimo gallego Souto, recogido casi 300 veces en el Nomenclátor. Se trata de una voz viva del gallego común con el significado específico de bosque de castaños o más genéricamente ‘bosque poblado de árboles, especialmente robles y castaños’. Es posible que en el origen del lugar d O Souto de la feligresía de Lourenzá, situado en las cercanías de Vilanova y que Francisco Fernández del Riego empleó como apellido en el seudónimo Adrián Souto, hubiera, pues, una abundancia de castaños.

Por su parte, Adrao, Adrán, Adrián o Hadrián proceden de la forma latina HADRIANUS, sobrenombre de una estirpe romana procedente de la ciudad de Hadria, localidad italiana en la orilla del mar Adriático. El Santo Hadrián, titular de 17 feligresías, es uno de los santos más antiguos del culto hispánico. Fue un soldado romano que se negó a cumplir la orden de presidir los martirios de la ciudad de Nicomedia y que se convirtió al cristianismo, motivos por los que fue torturado. Las formas tradicionales Adrán y Adrao recogidas en las advocaciones de la parroquias responden a las diferentes soluciones evolutivas que la terminación -ANU dejó en el gallego, -an para la parte más occidenteal y -ao para la oriental.

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