Hagiotopónimos, advocaciones y nombres de las parroquias

La parroquia gallega es la división administrativa inmediatamente inferior al municipio. A pesar de tener origen eclesiástico como unidad de delimitación geográfica, desde la Edad Media hasta nuestros días actuó también como una entidad básica de relación social de sus habitantes.

Desde el punto de vista lingüístico, las parroquias constituyen un tesoro toponímico de primer orden pues en ellas podemos encontrar un compendio de los trazos definitorios de la toponimia gallega, así como ejemplos de toda la tipología con la que tradicionalmente se clasifica la toponimia.

Las parroquias gallegas suelen constar en su denominación de dos elementos: la denominación propiamente dicha y la mención a su advocación religiosa. Es aquí donde hace falta que precisemos dos conceptos: advocación y hagiotopónimo. Mientras la advocación es el santo, santa, virgen etc. al que está encomendada una parroquia católica, un hagiotopónimo es un nombre de lugar cuyo origen remite a un o una santa. Así, la feligresía de Santalla de Arxemil del ayuntamiento lucense de Sarria contiene un hagiotopónimo como parte de su nombre, Santalla. En este caso, hagiotopónimo y advocación son coincidentes, pero no ocurre lo mismo, por ejemplo, en Santalla de Samos, cuya advocación es San Xoán.

Además de la diferencia semántica entre hagiotopónimo y advocación, hace falta añadir que esta última no forma parte de la denominación de las parroquias—por eso en el Nomenclátor de Galicia figura entre paréntesis a continuación del nombre de la parroquia—, a pesar de que tradicionalmente en los textos escritos, incluso administrativos, acostumbre a aparecer. Así, hablamos de las feligresías de Vizoño, Viós, Vilacova o Sarandós, todas en el ayuntamiento coruñés de Abegondo, y no de las parroquias de *San Pedro de Vizoño, *San Salvador de Viós, *San Tomé de Vilacova o *Santa María de Sarandós.

A pesar de lo anterior, acontece que, en unas 400 parroquias gallegas de las 3.791 que contabilizamos en el Nomenclátor de Galicia, la denominación parroquial contiene un hagiotopónimo o nombre de santo, bien como denominación exclusiva (Santiso, Santalla, Seoane...), bien como primer elemento de un compuesto (San Cristovo das Viñas, San Breixo de Parga o San Cosme de Barreiros), y, en menor medida, como segundo elemento (Pazos de San Clodio o Pobra de San Xiao).

En un artículo reciente en la prensa, Gonzalo Navaza, miembro del Seminario de Onomástica de la Real Academia Galega, señala que “hai parroquias nas que o nome do santo é simplemente unha advocación, unha forma de conservar unha tradición do nome da igrexa, sen ir máis alá”. Esta idea incide en lo que ya había esxpuesto este especialista en el estudio “Parroquias e toponimia”: “A diferenza entre o haxiotopónimo e a simple advocación, que tiña e ten plena funcionalidade no uso oral dos nomes parroquiais, foi con frecuencia ignorada ata hai poucos anos en fontes escritas, repertorios, nomenclátores e nas rotulacións viaria ou cartográfica, que ou ben incorporaban sistematicamente a advocación coma se fose haxiotopónimo, escribindo por exemplo San Xoán de Fecha e Santa Cristina de Fecha, ou ben consideraban o haxiotopónimo coma se fose unicamente advocación" lo que llevó a la confusión sobre cual era el nombre real.

Para evitar confusiones, la próxima edición del Nomenclátor de Galicia incluirá la advocación en un campo diferente del de la denominación de la parroquia.

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